El zumo de fruta no es ni mucho menos “fruta”, ni siquiera si es casero. La fruta entera debemos ir masticandola y digeriéndola de forma más o menos lenta con una gran cantidad de fibra. Así la fruta nos saciará mucho nuestro apetito. Y nuestro organismo absorbe poco a poco los azúcares que va transformando para darnos energía. En cambio el zumo no se mastica, se pierde fibra y nuestro organismo la digiere muy rápidamente. Nos saciamos mucho menos que con la fruta entera, lo cual nos hará después tener más hambre, comer más y engordar más. Y nuestro organismo absorberá y transformará mucho más rápidamente esos azúcares haciéndonos segregar mucha insulina y provocando más posibles daños en nuestro organismo.